¿Se puede predecir el futuro? Parte I: Las investigaciones de Philip Tetlock

¿Se puede predecir el futuro? Parte I: Las investigaciones de Philip Tetlock

En 1987, Philip Tetlock, un psicólogo especializado en política, quiso saber cómo de precisas eran las predicciones de los expertos. Por desgracia, la inmensa mayoría de veces en los medios no se hacen predicciones que podamos entender. Se dicen cosas como “Quebec podría separarse de Canadá”, o que es posible que tal dictador sea derrocado. ¿A qué se refieren con “podría” o “posible”? Muchas cosas son posibles, pero ¿son probables? ¿Cómo de buenos son haciendo predicciones los (supuestos) expertos?

Por aquel entonces ya había numerosos estudios que señalaban que a menudo los expertos no eran mucho mejores haciendo predicciones en ciertos ámbitos que reglas sencillas como “predice que las cosas van a seguir igual”. Así que Tetlock decidió comprobar qué pasaba en política. Para ello, reunió a 284 expertos con una media de 12 años de experiencia relevante. La mitad tenían doctorados, y venían de diversas disciplinas: estudios de área, relaciones internacionales, economía, seguridad nacional, periodismo, etc. Unos trabajaban en la universidad, otros en el gobierno, otros en organismos internacionales y en otros lugares. El tipo de gente que se espera que sepa de lo suyo, que pueden aparecer en medios, asesorar a ministros y demás. Y aquí llega la primera sorpresa: les tuvo nada menos que 16 años contestando un total de 27450 preguntas sobre política, economía y asuntos internacionales. Algunos ejemplos de estas preguntas podrían ser:

 

¿Va a volver a ganar las próximas elecciones el presidente de EEUU?

¿Va el país X a mantener, expandir o reducir su territorio en los próximos dos años?

¿Va a haber una epidemia de VIH en el país Y en los próximos 5 años?

¿Va a estar el PIB per cápita del país Z dentro de 4 años: a) entre 8000 y 9000 dólares; b) por debajo de 8000; o c) Por encima de 9000?

 

Y un largo etcétera de 27446 preguntas. La mayoría de ellas tenían tres posibilidades, como la última pregunta. El objetivo era que le asignasen probabilidades a cada alternativa, por ejemplo un 60% a la a), un 20% a la b) y un 20% a la c). Al final del periodo podrían coger todas las respuestas, agrupar las que tienen una probabilidad del 0%, 10%, 20%, etc., y ver si las cosas que dicen que solo pasan un 10% de las veces efectivamente pasan un 10% de las veces, por cuánto se han equivocado, etc. Una cosa está clara: lo tenían difícil. Nadie es experto (a la vez) en predecir temas tan dispares como elecciones, propagaciones de virus y proliferación de armas de destrucción masiva en Oriente Medio. Pero eso era mejor aún, porque así podían ver cómo de buenos eran prediciendo asuntos en general, y cómo de buenos prediciendo aquello en lo que se habían especializado.

El resultado fue una auténtica catástrofe. Si hubieran contestado a todo 33%, 33%, 33% (cuando hay tres alternativas) o 50% (cuando hay dos) habrían estado mejor calibrados que dedicándole dios sabe cuántas horas, y casi tendrían mejor puntuación. No fue así porque también se valoraba que fueran menos indecisos que eso. A veces incluso decían que había un 100% de probabilidades de que pasase algo y colaba, pero desde luego no fue la norma. Bastaba con hacer predicciones agresivas de que las cosas iban a seguir igual para empatar con ellos. Por ejemplo, decir que el país X tenía una probabilidad del 80% de seguir con exactamente el mismo territorio al final de los dos años. Así de triste. Y peor aún: daba igual si eran expertos en las preguntas o no, eran igual de malos. Su único consuelo es que sí ganaban a sus estudiantes, a los que también les preguntaron y eran peores que el mono y que cualquier cosa imaginable 🙁

Pero el estudio también tiene su parte bonita: los modelos estadísticos eran mucho, mucho mejores que los humanos. Al menos tenemos esa herramienta. Eso nos da una idea de lo importante que es aprender esta rama de las matemáticas. Muchos echan pestes sobre la estadística, pero no hay nada tan práctico como eso en matemáticas.

 

Lo sé, lo sé, a ti también te parece maravilloso.

 

Otra conclusión interesante es que daba igual la ideología. Puedes ser un ecologista pesimista que cree que vamos a morir achicharrados inevitablemente, un fanático del libre mercado que cree que el gasto público es la raíz del mal, creer que el funcionamiento de los países en la esfera internacional es la ley de la selva o que llegará el día en que todos nos abracemos y bailemos juntos el Kumbayá. Vas a ser igual de malo haciendo predicciones. Si algo, Tetlock vio que ser moderado era un poco mejor. Pero sí había una manera de separar a los que hacían predicciones medianamente potables de los que no: su personalidad. Con un cuestionario de 13 preguntas podían saber qué tipo de persona eres. Querían distinguir entre erizos, que tienen una gran idea y tratan de explicar todo lo posible dentro de ese marco; y zorros, que tienen muchas ideas pequeñas y les basta con improvisar explicaciones caso por caso. Los erizos creen que con la teoría correcta se puede analizar prácticamente todo y llegar a buenas predicciones, al menos a largo plazo. También tienden a creer que los investigadores universitarios complican las cosas innecesariamente.

 

¿Quién crees que lo hacía mejor?

Fotos por Siddie Nam y Jesus Duarte respectivamente.

La respuesta, para bien o para mal, es que los zorros. Su manera de pensar es del tipo “bueno, por un lado este dictador tiene muchos incentivos para invadir el país vecino, pero por el otro tiene que atender a la inestabilidad interna en su propio país. Aunque también puede que la guerra le sirva para aunar a su pueblo y la situación se estabilice. No sé, creo que la probabilidad de que invada es de un 60%”. No sería exactamente así, pero se entiende la idea: no dan las cosas por hechas y piensan en los argumentos a favor y en contra de algo. Eso no quiere decir que fueran más cobardes en sus predicciones, al contrario, eran más valientes! Y no les importa mantener pensamientos contradictorios en su cabeza, mientras que los erizos necesitan ser más decisivos y no quieren enredarse en detalles particulares. También eran bastante radicales en sus opiniones políticas, lo que ya hemos visto que no es buena idea cuando se trata de ver lo que nos depara el futuro.

Obviamente, hay mezclas de zorros y erizos, pero cuanto más zorros eran, mejor predecían. Al final, esto se traducía en que las probabilidades que elegían se alejaban de la frecuencia observada en un 12% de media para los zorros y en un 18% para los erizos. No es un margen gigante, pero se nota que pensar de una manera o de otra importa. Además, se produce un fenómeno curioso: los zorros lo hacen mejor cuando les preguntan sobre temas en los que son expertos que cuando no, mientras que los erizos predicen peor aquello de lo que más saben. Tienen más opiniones y están más enrocados en temas que conocen bien.

Philip Tetlock

(La línea de círculos negros es la calibración perfecta, cuando dicen que las cosas pasan un 70% de las veces, pasan un 70% de las veces. Cuanto más pegados a esa línea, mejor. Como se ve, los zorros (foxes) haciendo predicciones a corto plazo sobre temas que controlan son los mejores (línea de círculos blancos). Los erizos haciendo predicciones a largo plazo sobre temas que controlan son los peores).

 

¿Puede predecirse el futuro a largo plazo?

 

En bolsa ya hemos visto que en realidad es más fácil hacer algunas predicciones a largo (5-10 años) mientras que en este estudio se ve que en política no puede predecirse a largo. Y a pesar de lo que creyesen, los erizos eran peores que los zorros también en la predicción a largo plazo*.

No sé a vosotros, pero para mi es fascinante entender lo que es predecible y lo que no. En la próxima entrada continuaré con este tema para tratar un experimento de la inteligencia americana inspirado en estas investigaciones. No quiero destripar nada, pero descubrieron que algunas personas eran realmente buenas haciendo predicciones.

Para ir acabando, siento haber tardado taaaanto en publicar pero he estado un poco distraído de los temas de bolsa. Como quiera que sea, la política también mueve la bolsa, y más en estos momentos en los que los bancos centrales están inflándola, o cuando decisiones puramente políticas pueden provocar oscilaciones bruscas en los precios del petróleo.

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Que tengáis un lunes tolerable, inversores! 😉

 

P.D. Puedes leer todo sobre este estudio en este libro

 

*Quiero sugerir un pequeño experimento. La próxima vez que un comunista os cuente que vivimos un periodo de crisis del capitalismo, preguntadle cuándo va a desmoronarse en vuestro país exactamente. Si no dice fechas concretas, preguntadle si diría que faltan menos de cinco años, menos de 10, menos de 20 o más. Mi hipótesis es que dirán que faltan más de 10 años. Pero hemos visto que predicciones a tan largo plazo (sobre todo si vienen de erizos) fallan más que una escopeta de feria. Por favor, si preguntáis dejad un comentario, tengo curiosidad por sus respuestas!!

No eres un robot… Y lo sabes.

No eres un robot… Y lo sabes.

Las dos maneras de mejorar tu racionalidad al invertir

Hay un montón de estudios sobre lo idiotas que somos los inversores individuales. Que si vendemos demasiado pronto cuando ganamos dinero, que si vendemos demasiado tarde cuando estamos perdiendo dinero, que si metemos nuestro dinero en un fondo que ha subido mucho justo antes de que empiece a perder, de todo. Hoy voy a hablar de una manera sencilla de corregir nuestro pequeño defecto genético, que todos somos humanos. (A menos que seas un chimpancé astronauta retirado, en ese caso puede que este post no te interese).

Sabes? La bolsa es algo así como una montaña rusa emocional. Cuando tu cartera sube con furia sientes que eres un genio y todos deberían adorarte, mientras que cuando baja oyes en tu cabeza cosas como “no sé para qué hago esto, tal vez debería vender y olvidarme”, o “mis acciones están todavía más baratas! Es hora de comprar más acciones, se lo he leído a Warren Buffett” (lo que por cierto suele llevar a que acabes pensando lo primero unos meses más tarde), o “esto es un casino, la gente es totalmente irracional: Santander/Telefónica/Repsol debería cotizar a X€”, y el clásico “voy a esperar a recuperar lo invertido y después vendo”. La realidad, por supuesto, es que ni tan peludo ni tan calvo: ni eres un genio, ni estar en bolsa es una pérdida de tiempo/dinero. Y tampoco las acciones tienen por qué volver al precio al que estaban, porque es un numerito en la pantalla al que no le puede importar menos lo que tú hayas hecho con tu vida. Y al final, esta montaña rusa te lleva a tomar decisiones que distan mucho de lo que se esperaría de un ser racional.

El primer remedio para la montaña rusa emocional es ir invirtiendo varias veces al año, durante muchos años. Podríamos llamar a eso diversificación temporal de la inversión, porque a todos los que estamos metidos en finanzas nos gusta fardar de términos así. (Si has leído este blog sabrás que creo que para la mayoría de gente es más fácil invertir en fondos índices de manera regular y olvidarse del asunto. Puedes leer más sobre ese tema aquí). Pero hoy voy a hablarte de otro remedio más para tener paz mental y poder hacer lo que te conviene a ti, no a tu bróker/banco. Se trata de la diversificación entre activos, que es la diversificación de toda la vida, y después vamos a hacer un poco de magia.

La diversificación entre activos consiste en separar tu dinero entre varios activos financieros (por ejemplo, entre las acciones de varias empresas) o entre clases de activos (por ejemplo, poner un 70% en acciones y un 30% en bonos). Idealmente con eso consigues que las pérdidas de una inversión se compensen con las ganancias de otras y acabas ganando dinero pero sin tener tantas fluctuaciones.

Un ejemplo

Supongamos que tenemos dos estrategias de bolsa. Si te es más fácil, imagina que la estrategia 1 es invertir en acciones y la estrategia 2 es invertir en bonos, aunque los números no son reales. Aquí vemos lo que hubiera pasado si hubiéramos metido 1000€ el primer año y esperando otros 11.

 

Con la estrategia 1 tendríamos 2300€ al final del periodo, y con la estrategia 2 tendríamos 1800€. Si supiéramos que esto es más o menos lo que va a ocurrir en el futuro, ¿por qué leches íbamos a querer meter dinero en la Estrategia 2? Muy simple: porque juntándolas podemos obtener una estrategia casi tan rentable como la 1 pero mucho más estable. Por ejemplo, si la estrategia mixta consiste en meter 500€ en cada una, fíjate en el resultado:

Tendríamos algo más de 2000€. Pero lo interesante es que con la Estrategia 1 hay bajadas de hasta un 20%, que es algo difícil de digerir en la práctica, mientras que con la Estrategia Mixta la única bajada es de un 2% (!!).
La razón por la que esto funciona es que las dos estrategias son bastante complementarias. Cuando la una hace zig, la otra hace zag:

No nos engañemos, es muy raro encontrar dos estrategias taaaan complementarias en la práctica. Pero el ejemplo que puse antes, de acciones y bonos, es bastante bueno. Cuando la bolsa se va al infierno y todo el mundo se está tirando por los balcones (esperemos que solo figuradamente) los bonos suelen subir. La razón es que los inversores buscan refugiar su dinero. De hecho, en las crisis los bonos suelen subir de precio de manera bastante loca. Fíjate en el caso de EEUU:

 

10 Peores Caídas de la bolsa de EEUU
AÑO S&P 500 Bonos 50/50
1929 -84.59 13.55 -35.52
2007 -50.21 20.55 -14.83
2000 -44.41 33.46 -5.475
1972 -42.73 -6.05 -24.39
1987 -29.58 2.55 -13.515
1968 -29.23 -8.02 -18.625
1961 -22.33 3.97 -9.18
1946 -22.17 -0.71 -11.44
1980 -16.53 17.87 0.67
1966 -15.79 -0.18 -7.985

No es la panacea, pero desde luego ayuda. Por ejemplo, en el crac de 2007, la bolsa cayó a la mitad. Piensa en ello: que tus ahorros que llevas tanto tiempo acumulando de repente sean la mitad? Esperas mantener la calma en un momento así? Lo más seguro es que no. En cambio, una estrategia 50% acciones, 50% bonos, hace que te tus ahorros caigan solo un 15%. No es la panacea, pero al menos ese día no estarás deseando ir a prender fuego a algo o mudarte a las montañas a vivir en una cueva y desconectar del mundo capitalista para siempre.

La moraleja que quiero que te lleves de todo esto

Creo que es suficiente por hoy, pero no quiero acabar sin antes dejar claro cuál es la conclusión de todo esto: no te pases de ambicioso, puedes tener un resultado fantástico Y paz mental. Tal vez no será el resultado ideal (ese lo obtendrías siendo un(a) tí@ totalmente insensible), pero es el mejor resultado que se puede obtener en la práctica. Para conseguirlo, haz caso de estos tres mandamientos:

  1. No inviertas todo tu dinero de golpe, ve metiendo dinero a lo largo de años a intervalos regulares.
  2. No inviertas en una sola acción, invierte en muchas, idealmente a través de un fondo índice.
  3. No inviertas solo en acciones, dedica una parte a bonos, por ejemplo un 30%. También hay fondos índice para esto.

Si lo que quisiera fuera contarte una teoría sobre cómo funcionaría un mundo de ángeles inversores, escribiría un libro de finanzas. Un blog siempre tiene que aspirar a dar consejos prácticos, a estar pegado al mundo real. Espero que esta entrada te resulte útil para vivir más tranquilo y que lo compartas si te ha parecido interesante. También puedes dar un Me gusta en la página de fb.

Nada más, aprovecha lo que queda de Agosto! 😉

Ibex 35 y otros índices bursátiles: qué son y por qué te interesan

Un índice es un número que resume la rentabilidad de las acciones de un grupo de empresas en un período. Por ejemplo, vamos a ver un gráfico de un índice muy conocido, el Ibex 35, en los últimos 4 años:

Fuente: www.eleconomista.es/indice/IBEX-35

El Ibex se compone de 35 de las empresas más grandes de la bolsa española. A día de hoy, esas empresas son:

Abertis, Acciona, Acerinox, ACS, Aena, Amadeus, Arcelormittal, Bankia, Bankinter, BBVA Caixabank, Día, Enagás, Endesa, FCC, Ferrovial, Gamesa, Gas Natural, Grifols, IAG (Iberia), Iberdrola, Inditex, Indra, Mapfre, Mediaset, Merlin Prop., OHL, Banco Popular, Red Eléctrica Española, Repsol, Banco Sabadell, Sacyr, Banco Santander, Técnicas Reunidas y Telefónica.

Este índice lo elabora Bolsas y Mercados Españoles (BME). Tiene como base el 29 de Diciembre de 1989. En aquel momento se decidió poner como base 3.000 puntos. Hoy está a 9.283 puntos. Lo que intuitivamente quiere decir es que si hubieras invertido 3.000€ en este índice en 1989 ahora tendrías exactamente 9.283€. Si por ejemplo en lugar de elegir como base 3.000 hubieran elegido como base 100, ahora estaría a 309,77, y por cada 100€ que invirtieses te llevarías 309,77€.

El S&P 500, posiblemente el índice más importante del mundo, está formado por 500 empresas estadounidenses muy importantes y conocidas como Google o Apple y está hoy a 2.083 puntos. Una pregunta rápida: ¿quiere decir eso que las empresas del Ibex valen más que las del S&P 500?

No! Lo único que quiere decir es que para el S&P se eligió un número base más pequeño (menos de 100 puntos en 1957).

En resumen: lo que nos importa de los números índices es a cuánto están hoy respecto a cuánto estaban en algún otro momento.

Cómo invertir en un índice

Antes he hablado de qué pasaría si hubieras invertido en un índice, pero no he explicado cómo se hace eso. Una opción es comprar las acciones de esas empresas una a una, vendiendo cuando BME sustituya a alguna de esas empresas por otra que antes no estaba en el índice. El problema de hacer eso es que te fríen a comisiones. Por esa y otras razones se crearon los ETF’s (Exchange Traded Funds). Un ETF es papel o registro informático que representa otras acciones. Para entendernos, es como una acción de acciones que cotiza en bolsa. Así que puedes comprar un ETF que representa el Ibex 35 y es como si estuvieras comprando las 35 acciones del Ibex de una tacada. Existen cientos de ETF’s en el mundo y no todos son tan simples, pero son un gran instrumento a la hora de diversificar los riesgos pagando comisiones e impuestos bajos.

Eso es todo por ahora sobre los índices, si te ha sido útil o tienes alguna duda, escribe un comentario aquí abajo y te responderé muy pronto 😉